
Podéis bajaros el catálogo de la exposición aquí, son doce páginas a color.
Esta exposición resume los tres últimos años de mi trabajo. Una serie de cuadros que aquí, en este lugar, adquieren todo su significado y en donde afloran las razones, a veces ocultas incluso para mi, por las que fueron creados.
Fruto de una búsqueda íntima, de una mirada interior, retrospectiva, en busca quizá de la impronta que me hace reconocer automáticamente ciertas imágenes como propias, escritas de manera indeleble en las paredes de mi memoria.
Parece que fue solo hace unos días cuando aprendí a nadar en aquí, en las frías aguas de la playa de San Amaro, a los pies de los restos de las grúas de hormigón que transportaron la piedra de las canteras, esa imagen surge recurrente en casi cada cuadro. Aquellas estructuras espectrales hundiendo sus esqueletos en el lecho marino tenían, y aun tienen, el efecto de conectarme con el abismo, de sumergir mi imaginación en aguas profundas y oscuras.
Mis correrías por estos lugares, por sus furnas peligrosas, la omnipresente Torre, por el cercano cementerio, sus fosas comunes prematuramente reutilizadas y las calaveras de aquellos desgraciados, aun con restos blandos adheridos, expuestos al sol y a nuestra curiosidad, nos hicieron ver nuestro destino ineludible.
Si se pudiera trazar un mapa topográfico de una memoria, sin duda, el mio tendría la forma de esta costa, con sus furnas, sus playas, su espigón e incluso su puerto rodeando el barrio en el que nací y crecí y el mar en el que un día me disolveré definitivamente.
Con esta exposición cierro un capítulo, mañana comenzaré otro que aun no sé a dónde me llevará ni cómo, pero seguramente no muy lejos de aquí.