“Pero qué cabecita la mia” Arteixo 15 de febrero de 2010
Los retratos, en gran formato, cuasi monumentales, por sus dimensiones y tratamiento formal, representando cabeza y rostro desligados del resto del cuerpo, ocupando gran parte del espacio pictórico, nos conducen a reflexionar sobre nuestra identidad como seres dentro de un recipiente con fecha de caducidad, representando ante nuestros ojos una realidad esquiva, compuesta de manchas, trazos y salpicaduras aparentemente inconexos que dibujan y delimitan nuestro cuerpo como el contenedor de un universo dentro de cada personalidad, atrapada en un amasijo de elementos interpuestos y perecederos.
Adentrándonos en esta idea de interioridad del ser humano, aparecen las calaveras, como representación última y fatídica del armazón, la tramoya de un destino común ante una naturaleza que nos maneja a su antojo.
Los paisajes ahondan esta idea del cuerpo, del ser físico como la nave-prisión en la que realizamos el viaje entre los dos puertos, de llegada y salida, con horario preestablecido, representados por el puente sobre la riada humana que discurre caótica, arrastrada por sus congéneres a un mar donde serán diluidos.
“Cecily mi amor” es un guiño formal a la obra de la pintora de origen británico Cecily Brown en el que nos encontramos a la humanidad amontonada y pastoreada por un perro de presa, que no es otra cosa que nosotros mismos.
Las cariátides hablan de lo efímero y frágil de lo que creíamos como cierto, el desmonte de nuestros castillos y fortalezas desde dentro, el componente perverso de la esclavitud de esas cariátides, ahora errantes, que han dejado de cargar sobre sus hombros el peso de nuestras infamias.
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Francisco Javier Torrecilla da el salto de la fotografía a la pintura
Con su trabajo “Xerion Rei” se apoya en la leyenda para plasmar situaciones catastróficas muy actuales.
Sábado, 06 de diciembre de 2008
ALBINO MALLO / XORNAL.COM Santiago.- Aunque el fotógrafo Francisco Javier Torrecilla había dado a conocer, en muestras colectivas, alguna de sus pinturas, e incluso recientemente hizo su primera exposición individual en el Casino del Atlántico, el hecho de haber sido seleccionado para la exposición del Salón de Otoño entre los 40 mejores que son los expuestos y, sobre todo, su nueva muestra en los Molinos de Acea de Ama que titula “Xerión Rei”, lo han situado en un primer plano dentro de la plástica gallega.
-¿Qué supuso el Salón de Otoño?
-Un impulso a mi trabajo y una ilusión por estar entre los mejores elegidos por un jurado compuesto por figuras de gran valía. No gané premio, pero mi cuadro está expuesto en una selección de treinta obras entre las más de 300 presentadas y llegadas desde todo el mundo. Eso me animó mucho para aceptar esta sala de Culleredo y situar toda la serie a la que pertenece el cuadro distinguido.
-Dice el concelleiro de Cultura de Culleredo, Celestino Poza, que reflexiona sobre los mitos, sobre la falsedad y la verdad, todo en medio de una cruda ironía…
-Si el lo dice, yo no tengo más que aceptarlo, porque creo que ha dado en el blanco. En efecto tomé el tema de Gerión y Hércules, pero buscando el paralelismo de aquella vieja historia, que está incluso en el escudo de A Coruña, con las reales que se producen en nuestro tiempo.
-¿Es, por lo tanto, un a historia actual?
-Releer la historia de Gerión y de su asesino Hércules, supone ver con otros ojos lo acontecido en el Olimpo de los mitos, muchos de ellos basados en acontecimientos reales que se están repitiendo en nuestros días, y esto lo tuve en cuenta.
-¿Influyó su trabajo como fotógrafo?
-De momento no, porque para mi, la fotografía es una labora más oficialistas, pero las situaciones las estamos viendo todos los días en los telediarios o leyendo en los periódicos si que son las que me impactan. No pasan unas horas sin que se cometan violencias de género, torturas o asesinatos de niños bien en acciones de guerra o bien a través del hambre, todo ello por un puñado de dólares o de diamantes.
-¿Qué significan las calaveras?
-Representan las tres cabezas que, según la leyenda, tenía Gerión. En realidad tuve que pintar cuatro porque una fue la que me seleccionaron para el Salón de Otoño así que hice otra para la exposición. Tomé como modelo una auténtica que me regaló un médico y con ellas quiero expresar lo interior del hombre, desprovisto de epidermis y de carne. Ir hasta lo más profundo. Cuando pinto un cuadro, más que en algo externo, me recreo con los pensamientos que llevo dentro.
-¿En uno de los cuadros, se ve un grupo de personas desnudas y un animal con aspecto feroz?
-Es el mayor de todos. En él quise representa el rebaño de Gerión y el animal es un perro muy agresivo que representa a Hércules y que lo conduce.
-En general todos los formatos son grandes, y eso quiere decir que poco comerciales…
-Necesito pintar el cuadro con lo que abarcan mis brazos. Si es más pequeño me parece una menudencia. En cuanto a su comercialidad, no la pienso. De momento la pintura es un placer, no una profesión. Afortunadamente puedo vivir de la fotografía.
-¿Pinta por series?
-No. Pinto los cuadros uno a uno aunque, en este caso, pensé hacer la exposición basada en el mismo tema, pero fijándose en ella, aparte de las tres calaveras, se ve que son muy distintos.
-¿Llevará el arte a la fotografía?
-Tengo proyectos en mi mente, aunque de momento estoy centrado en la pintura. Pero no cabe duda que con la cámara fotográfica, aparte de esas captaciones oficiales que hago para la diputación, se puede explorar otra temática más libre y creo que en tiempos no demasiado lejanos también explotaré esa faceta.
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GAL-EXPOSICIÓN-HÉRCULES
Fotógrafo Torrecilla inaugura exposición pintura alusiva a leyenda Hércules
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Francesc Xavier Barros Canabal.
Santiago de Compostela, 4 dic 08 (EFE).- El artista Fran Torrecilla, conocido especialmente en el ámbito periodístico por sus fotografías, inaugura mañana una exposición de pintura alusiva a la leyenda de Hércules, el héroe mitológico al que se le atribuye la construcción de la histórica torre que alberga faro en A Coruña. En quince acrílicos en su mayoría de arte figurativo, Torrecilla se inspira de ese personaje mitológico para hacer una “reflexión” sobre ese símbolo de la ciudad en la que nació. El artista, que confesó a Efe tener vocación de pintor y dibujante desde su infancia, señaló que se ha dedicado a la fotografía para seguir el negocio de su padre y como una manera de obtener dinero.
Sin embargo, afirmó que paralelamente ha “cargado con un viejo caballete” desde hace treinta años pintando diversos temas.
“Elegí la historia de Hércules porque es análoga a la situación actual en a que algunas guerras se libran de manera que un gran ejército invade un país, somete a la población, cuelga al dictador y luego lo presenta como un monstruo”, señaló Torrecilla en clara referencia a la reciente guerra en Irak librada por parte de Estados Unidos y otros países aliados.
Indicó que eso es lo que ocurrió en el caso de Hércules, al que la mitología le presenta como una personaje heroico por haber matado a un supuesto “gigante de tres cabezas”.
Consideró que tras sus cuadros hay una reflexión sobre “la naturaleza del ser humano, la guerra y la mentira” y sobre si el conflicto “forma parte de los genes de todos o solo de algunos individuos”.
Afirmó que como foto-periodista nunca fue a cubrir ningún conflicto, tal vez por “casarse muy pronto”, lo que le impidió “embarcarse en aventuras más peligrosas”, aunque opinó que “la guerra no es inspiradora”.
El fotógrafo se distinguió por su cobertura para la Agencia Efe de las consecuencias de la marea negra provocada del hundimiento del petrolero Prestige en noviembre de 2002.
Respecto al arte, observó que “a veces esta subordinado a poderes superiores, a la Iglesia, a la propaganda o al comercio”.
Torrecilla, un polifacético amante del arte, se dedica también a otras actividades como fabricar guitarras eléctricas de manera artesanal.
Ya ha construido tres y tiene previsto embarcarse en la elaboración de otras dos, aunque confesó que “eso es otra historia” que ya explicará otro día.EFE
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© EFEDATA. Agencia EFE SA
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La Opinión A Coruña 09/07/2008
Fran Torrecilla: ´En la foto decides qué dejas fuera y en el cuadro, qué metes´
“Tengo la sensación de que esta exposición es la primera del resto de mi vida”, dice Torrecilla, dispuesto a dejar a Bacon por El Bosco.
ISABEL BUGALLAL. A CORUÑA.
-¿Le dio la comida a su hijo?
-Sí, sí, ahora estoy saliendo de casa. Un momento, que pongo el altavoz.
-¿Cuántos años tiene?
-¿El niño?, doce.
-¿Los mismos de su crisis?
-Sí, cuando él nació yo dejé de exponer y en esos años estuve pintando sin una orientación clara: estaba ganándome la vida, pagando la hipoteca de la casa…
-Muchas preocupaciones.
-Sobre todo el trabajo fotográfico. En estos años estuve en la Agencia Efe, en revistas, trabajando para la Diputación.
-¿El nexo de Epistolario?
-Cartas y gráficas. Algunas tienen texto, un texto automático con frases que yo casi diría salidas de la cabeza de un chiflado.
-Su última exposición, en 1995, era una serie erótica.
-Tengo la sensación de que ésta es la primera exposición del resto de mi vida.
-¿Por qué?
-No quiero mirar atrás. Lo pasado pasado está, ahora quiero empezar de nuevo y no mirar mucho atrás; incluso tengo ganas de quemar todo lo anterior.
-¿Si?
-Esa es una historia un poco melodramática que ya hicieron otros, y sí, como melodrama queda bien, pero no es más que una declaración de intenciones. Me encuentro cómodo como estoy ahora, quiero mirar hacia delante y el pasado me importa un pimiento. Me encuentro en un buen momento creativo y por qué no.
-”Mi pintura hunde sus raíces en los clásicos renacentistas, entronca con los ismos y las pinturas europeas del siglo XX, Manet, Egon Schiele, Georg Groz… se ramifica con nombres como Bacon, Cecily Brown, Freud, Saville, etc.”, escribe en su web, ¿no se deja nada?
-¡Hombre!, es que tengo muchas influencias. Estoy en un medio artístico prácticamente desde que nací. Mi padre era fotógrafo y pintor y conozco a la mayoría de pintores de esta ciudad desde muy pequeño gracias a él. Tengo muchas influencias y cito algunas, aunque quizá la influencia más importante en esta exposición sea la de Bacon, pero para la próxima ya estoy pensando en otra influencia, sobre todo porque me aburre, no soy se permanecer mucho en el mismo sitio.
-¿Cada exposición, una influencia?
-Puede. En un momento dado tienes la obra de un pintor en la cabeza, la adaptas y pasas a otra cosa, no te quedas toda la vida dando vueltas a lo mismo.
-¿A dónde mira ahora?
-Ahora miro a mi próxima exposición y hacia El Bosco. Tengo un libro encima de la mesa y estoy haciendo dibujitos a pluma en una libreta. Me dejo llevar mucho por el corazón, por los sentimientos y por lo que el azar pone en mis manos, que no es siempre casualidad.
-¿Siempre recurre al desnudo?
-Sí, al ser humano. Se trata de transmitir sentimientos y el desnudo es lo más práctico. Y porque me gusta lo erótico. El desnudo humano es el gran tema.
-¿Quién le entusiasma?
-Me entusiasman muchos y muchas cosas, también la arquitectura y el cómic. Me entusiasma Cecily Brown, Miguel Ángel, Vermeer, pero también la línea clara de Manara y de Moebius e incluso Mortadelo y Filemón.
-¿Cómo separa fotografía y pintura?
-Son lenguajes muy distintos. En la fotografía tienes que decidir qué es lo que no pones en la foto. Tomas un trozo de la realidad y la reencuadras y todo lo demás lo dejas fuera. En la pintura es todo lo contrario. En un lienzo tienes que decidir qué es lo que pones dentro.
-¿Si tuviera que prescindir?
-Prescindiría de la fotografía, porque si me quedase en una isla desierta podría seguir pintando.
-Pero vive de la fotografía.
-Es de lo que tengo que vivir. Que tampoco se vive tan mal, pero tengo el convencimiento de que puedo llegar a pintar un poco bien y a lo mejor vivir de ello. O a lo mejor, no, prefiero no vivir de la pintura, porque quizá la esclavitud está en hacerla tu modo de vida.
-¿También es músico?, pasó por el conservatorio.
-Pasé por el conservatorio pero no soy un músico. Soy muy aficionado a la música pero muy a mi pesar no soy un músico ni siquiera mediocre. Me gusta tocar la guitarra, hago guitarras, me encanta sacar unas notas de cualquier instrumento, pero de ahí a músico va un trecho.
-Incluso fabrica guitarras.
-La guitarra es el instrumento de los grupos de chavales, con cuatro acordes puedes montar un grupo con los amigos. Desde niño me gustaron los Beatles, el jazz y sobre todo el blues, quizá sea un bluesman de Monte Alto.
-¿Y es verdad que hace guitarras eléctricas?
-Sí, compro la madera y me pongo a ello. Es complicado, muy técnico. Soy manitas, pero requiere mucho esfuerzo. Y también, dinero.
-¿Qué tal suenan?
-De puta madre, porque están hechas con buenos materiales y están bien ensambladas.
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La Voz de Galicia 03/07/2008
Entrevista | Pintor
«Estoy en plena efervescencia creativa»
Entrevista | Fran torrecilla | Pintor
Daniel Prieto
Fotógrafo desde hace años y, además, pintor, Fran Torrecilla (A Coruña, 1964) inaugura hoy su nueva exposición, Epistolario , en el Casino Atlántico y, de forma simultánea, en su página web, a las 21 horas. Lo hace tras 12 años sin «encontrar un rumbo», período durante el que creó de forma «desnortada».
-¿Tiene algo que ver su nueva exposición con la anterior, «I Modi»?
-No. En la anterior tomé como referencia los primeros dibujos pornográficos de la historia. Y en esta ocasión es una mirada retrospectiva. No he empleado fotografías para concebir los cuadros.
-¿Qué propone en «Epistolario»?
-La temática de las relaciones humanas y de pareja, que a veces están en el filo de la navaja. Hay gente que ayuda, que se cae, que se va a morir… Pretendo que eso se intuya con mis obras, pero no son ni cadáveres ni muertos. Es una especie de grito.
-¿Por qué ese nombre?
-Todos los cuadros llevan escritura en su interior. Exploro en la mezcla de vivencias y emociones.
-¿Ha evolucionado en su estilo?
-Tu pintura, al final, es el resultado de tu vida y tu aprendizaje. Dejé de pintar cuando nació mi hijo. Pintaba sin rumbo, pero unos encuentros en el pazo de Mariñán me volvieron a activar. Estoy en un momento personal muy dinámico, en plena efervescencia creativa. Además, esta exposición supone en estos momentos un reto personal para mí.
-¿Qué pretende provocar en el espectador?
-Quiero varias cosas: que le guste la imagen que he proyectado sobre el cuadro y que le mueva alguna fibra, la que sea. No quiero que se limite a una mera experiencia visual.
-¿Algún acto especial para la inauguración?
-Regalaré una obra a través de www.frantorrecilla.com.
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La vocación de Fauno
Si no lo conociese y solo paseara ante sus últimos cuadros, mi impresión sobre la pintura de Fran Torrecilla sería exactamente esta: La perfección de su dibujo está en el movimiento que le imprime y en reconocer su capacidad de transmitir el placer de pintar con intención escandalosa; no se decir si sus cuadros son retratos, un autorretrato o un mirador donde vernos retratados.
Me interesan sus desnudos, quizás porque adivino las “delicadas” mujeres desnudas de Degas, en sus dibujos o en el boceto del cuadro. Pero la Escuela Londres en Coruña imprime carácter: Frank Auerbach, Lucian Freud, Bacon …, parece que han convivido en esta ciudad. Así Torrecilla, con escuela, envuelve las imágenes con colores de cebada, las pinceladas blancas recorren el cuadro cual espuma, el azul en los fondos o en trazos de detalle delatan, con el rojo, su excitación.
Este pintor no hace metafísica o barrocas exposiciones sobre el impresionismo; hay pasión, fogosidad y rapto. De aquí que Torrecilla nos favorece como Fauno, en la contemplación y en el deseo de poseer (el cuadro) el momento retratado. Y al fin volver la espalda al colchón, retozar entre el maíz o el lúpulo o meterse dentro de un beso.
Fran Torrecilla juega a travestir la realidad en emoción y en escenario. Cada trazo es intencionado, como la inestabilidad de los tonos que aplica al lienzo. La indeterminación entre disonancia y consonancia dan firmeza y resolución a cada una de sus obras. Pintura de acordes, como la música de Debussy o de la guitarra de un bluesman. Sin duda su vocación es estimular la imaginación.
Enrique Berbel, comisario de la sala del Casino del Atlántico.
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Un ampuloso eros.
En el hotel Tryp Maria Pita el pintor Fran Torrecilla presenta hasta el día 17 una exposición que recrea temáticamente “i modi”, la primera representación artística de un tema erótico amoroso de la que se tiene constancia en la cultura europea. Una exposición que no consta del marco ni de la infraestructura adecuada a pesar de lo cual se nos plantea como una propuesta personal e interesantemente resuelta desde el punto de vista plástico. Sería necesario reflexionar por qué obras de jóvenes artistas que, como esta, participan de un más que suficiente nivel de calidad, tienen pocas posibilidades de acceder a escenarios expositivos institucionales, en los que, por contra, se están mostrando con bastante asiduidad obras y autores de escasa relevancia.
A Coruña, Rosario Sarmiento. Tomando como referencia los 16 episodios de I Modi, la primera representación grafica europea de carácter erótico realizada en el siglo XVI por Julio Romano, Fran Torrecilla ha planteado esta exposición bajo una visión argumental que conecta ampliamente con un leiv motiv personal de una pintura figurativa de raíz e inspiración renacentista.
Para Torrecilla este tema resulta un buen pretexto para dar rienda suelta a una pintura de vocación monumental, casi muralista, producto más de un desarrollo sensitivo que de una búsqueda de planteamiento intelectivos o conceptuales. Es el amor físico en su aspecto más tenso, más dramático, de enfrentamiento entre las figuras, entre los opuestos, en el que se prima la búsqueda del dinamismo, del movimiento, del impacto visual.
El cromatismo se resuelve en una paleta escueta, utilizando prácticamente solo tres pares de colores complementarios, que se hace efectivo en una grafía, en una pincelada amplia, rápida, que busca más el gesto que la precisión caligráfica. Es una pincelada que se erige como la seña de identidad, como el signo del pintor, como la huella del trabajo: “… Me gusta la materia, la forma de pintar, cómo se ha fabricado el cuadro… por eso me gusta el boceto, ver la trayectoria que se ha seguido, las fases que llevan a ese final que siempre es etapa hasta que se abandona…”.
A Torrecilla le interesa la pintura como un vehículo sensitivo, como un medio de expresión en el que volcar sus estados anímicos y que al mismo tiempo le da opción para disfrutar de un ejercicio plástico de formas que va más allá del tema. Un tema que es casi como una disculpa para poder realizar un ejercicio de dibujo anatómico, buscando ese dominio de las reglas y cánones estrictos que rige la idiosincrasia de unas formas desnudas.
Al final, solo el texto de esos sonetos que en el siglo XVI acompañaron a los grabados que escandalizaron a la Roma del Papa Clemente VII, que se erige como la rúbrica de esta pintura que añora quizás compartir un hálito de documento.
Rosario Sarmiento.
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