Fran Torrecilla.

Pintura dibujos exposiciones retratos paisajes.

I modi.

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“En 1524, Julio Romano hace unos dibujos representando dieciseis maneras de hacer el amor, o “posturas”, los dibujos fueron después grabados por Marcantonio Raimondi.

Cuando estos grabados empezaron a circular entre las capas más altas de la sociedad romana, el indignado Papa Clemente VII se movilizó para hacerlos desaparecer sin dejar rastro y dio orden de quemar la primera edición de los grabados. El grabador fue encarcelado, se prohibió su distribución y la reedición se castigó con la muerte.

A pesar de estos peligros, apareció una segunda edición de los grabados , con el adorno añadido de dieciseis sonetos subidos de tono escritos por Pietro Aretino. Le siguieron inmediatamente otras ediciones piratas, en las que no constaba el lugar de la edición, la fecha ni el nombre del tipógrafo. Todos los ejemplares de estas dos primeras ediciones y todos los ejemplares menos uno de las subsiguientes imitaciones publicadas durante el siglo XVI desaparecieron. Se dice que el último ejemplar “auténtico” de la edición original fue retirado de la Biblioteca Nacional de Dresde a finales del siglo XVIII por orden gubernamental y se destruyó posteriormente”

LYNNE LAWNER. Los 16 placeres. Las cortesanas del Renacimiento. Ed. Temas de hoy. Madrid. 1990. Pags. 130-131.

Pues bien, a mi se me ocurrió pintar esas 16 posturas que son además las primeras representaciones explícitas conocidas de actos sexuales en occidente del que tenemos conocimiento.

Cada cuadro lleva escrito el soneto al que estaba asociado.

Las telas fueron pintadas con oleo y acrílico y su tamaño es aproximadante de 120 x 140cm.

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La Voz de Galicia publicó una crítica de Rosario Sarmiento el 16 de enero de 1994, que reproduzco a continuación:

Un ampuloso eros.

En el hotel Tryp Maria Pita el pintor Fran Torrecilla presenta hasta el día 17 una exposición que recrea temáticamente “i modi”, la primera representación artística de un tema erótico amoroso de la que se tiene constancia en la cultura europea. Una exposición que no consta del marco ni de la infraestructura adecuada a pesar de lo cual se nos plantea como una propuesta personal e interesantemente resuelta desde el punto de vista plástico. Sería necesario reflexionar por qué obras de jóvenes artistas que, como esta, participan de un más que suficiente nivel de calidad, tienen pocas posibilidades de acceder a escenarios expositivos institucionales, en los que, por contra, se están mostrando con bastante asiduidad obras y autores de escasa relevancia.

A Coruña, Rosario Sarmiento. Tomando como referencia los 16 episodios de I Modi, la primera representación grafica europea de carácter erótico realizada en el siglo XVI por Julio Romano, Fran Torrecilla ha planteado esta exposición bajo una visión argumental que conecta ampliamente con un leiv motiv personal de una pintura figurativa de raíz e inspiración renacentista.

Para Torrecilla este tema resulta un buen pretexto para dar rienda suelta a una pintura de vocación monumental, casi muralista, producto más de un desarrollo sensitivo que de una búsqueda de planteamiento intelectivos o conceptuales. Es el amor físico en su aspecto más tenso, más dramático, de enfrentamiento entre las figuras, entre los opuestos, en el que se prima la búsqueda del dinamismo, del movimiento, del impacto visual.

El cromatismo se resuelve en una paleta escueta, utilizando prácticamente solo tres pares de colores complementarios, que se hace efectivo en una grafía, en una pincelada amplia, rápida, que busca más el gesto que la precisión caligráfica. Es una pincelada que se erige como la seña de identidad, como el signo del pintor, como la huella del trabajo: “… Me gusta la materia, la forma de pintar, cómo se ha fabricado el cuadro… por eso me gusta el boceto, ver la trayectoria que se ha seguido, las fases que llevan a ese final que siempre es etapa hasta que se abandona…”.

A Torrecilla le interesa la pintura como un vehículo sensitivo, como un medio de expresión en el que volcar sus estados anímicos y que al mismo tiempo le da opción para disfrutar de un ejercicio plástico de formas que va más allá del tema. Un tema que es casi como una disculpa para poder realizar un ejercicio de dibujo anatómico, buscando ese dominio de las reglas y cánones estrictos que rige la idiosincrasia de unas formas desnudas.

Al final, solo el texto de esos sonetos que en el siglo XVI acompañaron a los grabados que escandalizaron a la Roma del Papa Clemente VII, que se erige como la rúbrica de esta pintura que añora quizás compartir un hálito de documento.

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Gracias por visitar mi página © Fran Torrecilla 2010






































































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